Pocos nombres explican tan bien la historia de la electrónica de vanguardia en nuestro país como Ángel Molina. DJ respetado dentro y fuera del Estado, entiende la pista como un espacio de investigación compartida, donde la selección y la técnica sirven para tensar el cuerpo y la escucha. Sus sets se mueven entre el ambient, los drones, las texturas oscuras y las estructuras rítmicas más ásperas, siempre con el techno y el 4×4 como columna vertebral. Presente en el primer Eufònic en 2012, vuelve a casa para cerrar una de las noches del Cabaret Electrónico en el Casal. Difícil imaginar un final mejor.