Betacam, el alías del santanderino Javier Carrasco, es un hiperactivo protagonista de la escena indie de Madrid, ya que milita en otras aventuras como Templeton y Rusos Blancos y es músico de directo de Tulsa y Cosmen Adelaida. Su primer trabajo largo “Mítico”, que se ha hecho esperar desde el EP “Tecnazo”, es un disco de pop electrónico efervescente, inteligente y adictivo con himnos instantáneos como “Chacal”, “Otras chavalas” o la sorprendente “Cospedal” (con uno de los mejores versos del año: “una noche más, llorando en la discoteca”). Melodías emocionantes, actualización de ritmos bailables deudores de los 80, toques de italo disco y sintes desenfrenados, letras ingeniosas -sin forzar la máquina de querer ser lo más gracioso de la clase- y un costumbrismo en primera persona que hace que la identificación sea inmediata. La crítica ha encontrado en su música ecos de Carlos Berlanga, Parade o Javiera Mena, pero está claro que Betacam tiene armas de sobra para hacer de sus temas artefactos de pop perfecto que van más allá de la nostalgia. “Mítico” tiene puntos para ser uno de los mejores disco del año. Rendidos.