A finales de agosto, los depósitos de aceite del molino de Ulldecona -forrados de baldosas blancas, opresivos y húmedos- acogieron una propuesta única y limitadísima, donde el músico Ferran Fages y la coreógrafa Carme Torrent ponían en relación cuerpo, movimiento, espacio y sonido, desplegando una serie de acciones para que el espacio y el lugar nos hicieran. Ahora ocuparán un lateral del magnífico Claustro Max Cahner en una nueva propuesta más física, más próxima, donde la distancia -esa nueva amiga inevitable- nos acompaña.

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