La obra de la artista británica nace de la asociación entre naturaleza y tecnología expresada a través de piezas que combinan sonido, escultura, imagen y luz. Una instalación sonora escultórica que pretende despertar la conciencia del cambio climático global y el efecto invernadero, donde bloques de hielo se funden a velocidades determinadas por datos reales, y sus goteos resuenan en recipientes de metal llenos de agua. Estreno en Barcelona.